Jehisel Villalta, la salvadoreña será entrenadora en Egipto

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Desde niña, Jehisel Villalta fue una chica muy extrovertida y flexible. Esas cualidades las notó su madre y la preparó para que hiciera una presentación en su escuela para una celebración del día de las madres.

Foto: EDH / Menly Cortez

Ahí, la notó una maestra, quien les sugirió que buscaran la posibilidad de que se metiera a la gimnasia. Inició en la Villa C.A., y, con mucho sacrificio, comenzó a viajar hacia el Polideportivo de Merliot.

Desde Apopa, partía con su madre rumbo al mercado de San Salvador. Desde el centro, abordaba solita el bus hacia a Merliot cuando apenas tenía 9 años. Ahí sufrió de todo, robos, casi un secuestro y tocamientos. No había de otra. Su padre estaba en EE.UU., y su progenitora debía trabajar para ganarse la vida.

Recibió una media beca por su talento y dedicación luego de comenzar a dar resultados, y pudo darle rienda suelta a su capacidad, a tal grado que, eventualmente, entró a un programa (ya no existe) en el cual entrenaba todos los días 8 horas y luego, de 5:00 p.m. a 7:30 estudiaba (desde octavo grado hasta bachillerato). En el almuerzo, literal, tragaba y hacía tareas.

Muchas veces pensó en el retiro, sobre todo por los problemas que tenía por su situación económica, por lo complicado del transporte y los peligros. Sin embargo, siempre su madre y una entrenadora le insistieron en que la gimnasia le cambiaría la vida cuando vivía esos momentos duros.

Luego, en los 1:30 minutos que duraba la presentación, todo se olvidaba. La gimnasia le permitió eso, desentenderse de sus problemas y concentrarse en su talento, en lo positivo.

Así pasó muchos años para luego convertirse en campeona nacional, campeona centroamericana y hasta ganó un bronce en el Panamericano de Clubes de 2007, en la modalidad de aro de la gimnasia rítmica, su especialidad.

Por sus estudios y por la necesidad de trabajar, tuvo que retirarse por cuatro años, pero volvió en 2018 para representar al país en los Juegos de Barranquilla, a donde logró un cuarto lugar por equipos.

En medio de todo, se hizo entrenadora, emprendió un proyecto de gimnasia rítmica en unas colonias privadas y hasta sopesó problemas económicos ya que atiende a casi 30 niñas a las que forma no solo con una visión deportiva, sino artística.

Pero no fue fácil llegar a ese punto. Es que ella incursionó en el circo, e incluso hizo actos en un semáforo (durante un año) y en plazas junto con un grupo para ganarse la vida. Luego, participó en programas televisivos de música y talento, hasta que se estableció formalmente como entrenadora, de lo que prácticamente ya ha hecho una carrera formal.

Este año, tuvo un accidente al caerse de una bicicleta, sufrió una fisura en el cráneo y una reacción alérgica a un medicamento la mandó a cuidados intensivos. Se repuso, volvió a dar clases y, hace unos meses, la entrenadora que la formó, la búlgara Iliana Milanova, le habló de una oportunidad de trabajo en El Cairo.

Villalta envió su currículo y, en enero, si los trámites van del todo bien, se marcha a Egipto para dar clases en un club privado, en el que estará a prueba por 3 meses.

Su sueño es poder quedarse por más tiempo, ahorrar un poco y regresar al país para establecer su propio gimnasio, en el que, en un futuro, no solamente pueda vivir dignamente de su capacidad y talento para enseñar, sino en el que pueda becar a chicas de escasos recursos, como ocurrió con ella, para darles una oportunidad diferente en la vida.

“De niña, muchas veces dije que ya no quería seguir en la gimnasia. Mi madre y mi entrenadora insistieron, y me dijeron que de eso iba a vivir. Iliana me comentaba ‘no vas a ser campeona mundial, pero esto te va a sacar adelante”. Ahora, cuenta los días para irse a Egipto.

fuente: https://www.elsalvador.com/