Especial San Valentin: El amor con la gimnasia

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Son tan diferentes para muchas cosas que nunca imaginaron compartir la vida gracias al amor. Ella es introvertida, quizás demasiado seria para sus 30 años. A él le encantan las fiestas, exteriorizar sus sentimientos y hasta un poco de “bulla” a su alrededor.

Así son Yareimi Vázquez y Carlos Gil, una pareja que decidió unir sus caminos personales y profesionales, y que muestra feliz los saldos de esa decisión.

La gimnasia artística es la razón de tal coincidencia. Ambos fueron atletas, pero cuentan que hasta convertirse en entrenadores no tomaron conciencia de la existencia de uno y otro.

Ahora son responsables de los equipos nacionales femenino y masculino, funciones que asumen colmados de sueños a partir de resultados que justifican cualquier aspiración hacia el futuro.

«Ella no se acuerda de mí cuando éramos atletas, porque no fui bueno… y las muchachas solo se fijan en los que ganan medallas», bromea Carlos junto a Yareimi convocados por JIT, que tomó como “justificación” este Día de los Enamorados.

«Solo lo ubico siendo ya entrenador, pero entonces no me pasó por la cabeza tener una relación con él», se desquita Yareimi con una sonrisa que delata cuán equivocada estaba.

Desde entonces pasaron poco más de 10 años. Tenían 20 y 21 abriles, respectivamente, y ahora reconoce que tras ese Carlos “ruidoso” hay un hombre sensible, inteligente y sobre todo enamorado total de ella y de la gimnasia.

«El patrón de conducta de los que se formaron en esta escuela es ser mucho más callados, pero yo venía de la calle, siempre he sentido mucha pasión por lo que hago y eso marca mi forma. Todo lo contrario a ella», puntualiza el artífice de los resultados del medallista mundial y finalista olímpico Manrique Larduet.

Yareimi tiene como su estrella a la campeona panamericana de salto Marcia Videaux, y tal como sucede con Carlos, trabaja por premios olímpicos con una generación a la que han impuesto su sangre joven.

LA PROFESIÓN COMO LAZO     

Puede pensarse que tantas horas dedicadas al trabajo tienden a marchitar las relaciones, pero no sucede así con esta camagüeyana y el villaclareño, quienes se apoyan mutuamente ante las dificultades del día a día.

«Si no nos dedicáramos a lo mismo creo que no estuviéramos juntos, ni se hubiera logrado la mitad de lo que hemos conseguido. Otra mujer no entendería estar tantas horas aquí, o que en ocasiones le preste más atención a los problemas de los atletas que a ella. Hay que interiorizar qué toca, y eso solo lo va a permitir una persona que esté en el mismo medio», asegura Carlos, siempre el primero en hablar.

«A nosotros no nos ha afectado trabajar juntos, al contrario, ha sido el complemento de la relación. Esa comprensión y apoyo nos ha permitido los resultados, sin dar paso a otras preocupaciones que nos afecten», confiesa luego de intercambiar una mirada cómplice.

«Sentimos tanto amor por lo que hacemos que nos ha ayudado a llevar una relación de tantos años. A veces le da tanta importancia al trabajo que siento celos, pero me doy cuenta de que es necesario.

»Ese amor que siente por lo que hace es igual que el mío, y ha sido el lazo más importante para estar juntos. También somos bastante críticos en lo profesional y es fuerte lo que analizamos, lo que nos decimos cuando hacemos algo mal», aclara Yareimi, a todas luces más calmada.

EL INFALTABLE APOYO MUTUO

Como siempre sucede, cuando el amor llena cada espacio tampoco falta el apoyo. Saber que uno está para el otro es importante. Fortalece recibir un consejo, valorar una opinión incluso cuando no es la que se quisiera escuchar, porque saben que siempre será la más sincera, el apoyo mayor de que pueden disponer.

«Nos conocemos tanto que a veces solo de mirarnos resolvemos las dudas, en medio de una competencia o en otra situación que demanda saber lo que el otro quiere.

»También nos ayudamos con los atletas, porque son jóvenes, entran en una etapa difícil de la vida y él me da sus criterios como hombre, que piensan distinto, y en ese sentido nos complementamos», acepta la preparadora.

Para Carlos otro elemento de peso pasa por el conocimiento adquirido por ella en su etapa como atleta de alto rendimiento, una visión que él nunca tuvo de primera mano.

«Estuvo muchos años aquí con los atletas de la élite, y a veces me ayuda a comprender alguna situación que se me dificulta debido a mi formación, que fue distinta. Entonces ella me da una panorámica lógica de por qué sucede eso… Es algo que nos consolida como pareja.

»Para resumir cómo funcionamos tendría que decir que ella me ayuda a procesar lo que está pasando y yo la ayudo a prevenir… porque cuento, como se dice, con la visión de “la calle”…», precisa Carlos.

SUEÑOS

Convertirse en padres es el primer sueño común. Lograr resultados inéditos para la gimnasia cubana es otra meta, y les anima saber que están más cerca de lograrlo que cuando comenzaron.

«La próxima olimpiada nuestra será tener un bebé, queríamos hacerlo durante este ciclo, pero se está haciendo difícil, porque no cuento con otra entrenadora que apoye el trabajo y me siento tan comprometida con las atletas que no tengo valor de dejarlas», admite Yareimi.

«Estamos planificando cómo lograr las dos cosas a la vez y ese es un problema. Tenemos que buscar el espacio, sobre todo porque le afectará a ella. Quiero tener mi hijo, pero ella merece disfrutar los resultados. Salir embarazada ahora es sacrificar ese aspecto y considero que no sería justo», añade él.

Pero ambos saben que la sonrisa provocada por un bebé les llegará en su momento, como han concretado otros sueños para consolidar estos primeros 10 años de vida compartida, en los que no han faltado diferencias deshechas a base de sobrada comprensión, deseos de éxitos y sobre todo amor.

Gracias a Radio Habana – Cuba