Gimnasta

Nicolas “Colo” Cordoba desde Alvarez para el Mundo

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colocordobabarraEs de noche en Cúcuta. Hace calor, pero se soporta. Por suerte en las últimas horas del día el termómetro da tregua y todo se hace mucho más llevadero. Además, el cuerpo descansa. Se relaja. Y se pone a punto para mañana, para volver a empezar. Del otro lado del teléfono está Nicolás Córdoba, el mejor gimnasta del momento en el mundo en barra fija. Es el Colo, como mejor lo conocen en Alvarez, su pueblo natal. Nico no está en su hábitat, no vuela de aparato en aparato en el Club Provincial ni en el pobre gimnasio de la Federación Santafesina, donde en verano el calor transpira las chapas y en invierno se congelan las articulaciones. Está en Colombia, su casa desde hace meses. Y desde ahí se forja hacia los objetivos del año.

Hace algunas semanas, cuando ganó la medalla de oro de barra fija en la Copa del Mundo de Dubai (y de plata en Eslovenia) y se quedó con el cetro de su especialidad en el ránking mundial, muchos se hicieron eco de ese logro. Sin embargo, lo del Colo no es hazaña, es ratificación y superación. Puede que el 2015 lo encuentre en un nivel superior al habitual. Pero no es casualidad. Desde noviembre se encuentra instalado en Cúcuta, entrenando con los mejores gimnastas colombianos, con los que se suman de otros países y con la vara de exigencia bien alta. El esfuerzo rindió frutos en la primera parte del año, pero el foco de Nicolás, uno de los referentes de Las Aguilas, el seleccionado masculino, está puesto en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 en julio y el Mundial de octubre, primera escala para ir en busca de los Juegos Olímpicos 2016.

“Los objetivos deportivos no tienen mucho plazo. Así que este es un buen momento para jugármela. Hoy, pasado y mañana. Cuando uno tiene 15 años, con más vida deportiva por delante quizás no hace esto. Me la juego este año que es de clasificación olímpica, después no sé. Hay otras cosas que pesan. Ahora, por ejemplo, nació mi sobrinito y me muero por conocerlo”, dice el Colo. Se gana y se pierde.

Córdoba llegó a Colombia para entrenar por primera vez a mediados del año pasado junto a su entrenador Juan Carlos Pinto. La experiencia arrojó buenos resultados y en noviembre se instaló definitivamente ahí, pensando en 2015. Desde entonces alterna encuentros con el Negro Pinto y lleva una preparación muy distinta a la que puede tener en Rosario. La describe el propio Nico: “El entrenamiento acá es muy bueno, la infraestructura es increíble y el gimnasio está bárbaro. Hay buena planificación y el clima ayuda porque con el calor el cuerpo entra rápido en clima”. Y bromea para ejemplificar: “Un pantalón largo acá no te ponés ni en pedo”.

Entrenar con otros atletas de selección le da a Córdoba una competencia diaria que eleva su nivel. Y no lo hace en solitario. Entonces el camino hacia los objetivos deportivos se hace un poco más sencillo. Lo social también cuenta. Cuando se mudó a Colombia vivió en la habitación que le prestó un gimnasta cafetero, hasta que consiguió un monoambiente cerca del gimnasio provincial en el que practica. Va y viene en bicicleta, tiene buena onda con los vecinos y cuando pueden se juntan varios deportistas para hacer los días más llevaderos. “Compartimos más que un gimnasio. Y eso es muy importante. La gente es cálida, cuando vine pensé que me iba a costar pero soy uno más de ellos”. Sin embargo, sigue siendo un esfuerzo estar lejos de casa. Aunque cuando los resultados llegan, hay alivio.

“Esto que hago es posible gracias al apoyo y esfuerzo de mucha gente y organismos que aportan su granito de arena. No me quiero olvidar de nadie, pero por suerte hay apoyo. A veces estaría bueno poder disponer de las becas a tiempo y que no se atrasen. Hoy estoy en el plan de proyección olímpica, los primeros resultados se vieron en la primera gira del año, y eso está bueno porque cuando no se dan, a veces se habla de más y no queremos”, cuenta Córdoba, para quien la presión no es esquiva: “La presión se la genera uno solo con este deporte que es tan complicado y que a veces tiene cosas que te perjudican la cabeza. Eso es algo que hay que aprender a manejar con el tiempo, uno siempre trata de llevar la celeste y blanca lo más lejos posible, a veces no se da. Por eso siempre trato de automotivarme enfocándose en lo que quiero ser, en lo que vine a preparar”.

Encontrar un alto nivel en esta época del año, con los Juegos Panamericanos y el Mundial por delante, no es preocupante para Nicolás, sino que esa es una base sobre la cual proyectarse: “Sí, esperábamos (con su entrenador) tener este nivel a esta altura. Es más, pensamos que se puede mejorar. La idea es alcanzar el rendimiento que tengo en barra en todos los aparatos. Estamos preparando esquemas más difíciles para que exista efecto sorpresa ante los jueces en los torneos más importantes, vamos a ver cómo nos va”. Y ahí habla de cómo se construyen las estrategias: “Con el Negro (Pinto) se discute cómo armar las rutinas, él es muy estudioso, muy estratégico. Conoce a todos los deportistas, a los finalistas y hablamos mucho, vamos haciendo números. Es un poco Bielsa, cabulero también, medio molesto pero cada uno con su locura. Igual, el que se sube al aparato soy yo. Y por ahí puedo cambiar algo (risas)”.

La idea de Córdoba y Pinto es posicionarse, en la medida de lo posible, en las finales o primeros 10 ó 15 lugares de cada competencia, una constante que sí tiene en barra, su especialidad. Aunque no se desenfoca: “Esta muy bueno ya ir teniendo muy buenos resultados, pero eso no me cambia. Este año mis grandes objetivos son los Panamericanos y el Mundial”. Un Aguila toma vuelo.

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