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Laurie Hernández con sus origenes latinoamericanos llega a equipo de EE.UU.

hernandez_Laurie Hernández, puertorriqueña de segunda generación y residente de Nueva Jersey, consiguió el domingo formar parte del quinteto de gimnastas que buscará el oro para Estados Unidos en las Olímpiadas de Janeiro Brasil.

Se trata de la primera vez en 32 años que una joven de descendencia hispana lo consigue. Hernández, con 16 años recién cumplidos, competirá del 5 al 21 de agosto junto a Simone Biles, Aly Raisman, Madison Kocian y Gabby Douglas. Con su desempeño quiere inspirar a otras latinas a que se desarrollen como gimnastas, pero su mayor deseo es que vean en ella los frutos que produce “estar siempre enfocadas, determinadas y no darse por vencidas a pesar de las batallas”.

¿De qué batallas podría hablar una niña que acaba de cumplir 16 años hace un mes? Su trayectoria pública da testimonio de algunas, empezando por su nombre.

En el acta de nacimiento oficial, no es Laurie, sino Lauren Hernández. Parecería una tontería, pero ese cambio surgió porque había más niñas con su mismo nombre cuando, a insistencia suya, sus padres Anthony y Wanda la tuvieron que matricular en clases de baile, con apenas tres años de edad. Para evitar confusiones, en el salón la llamaban Laurie.

Esa primera maestra Carly Haney, hermana de una exgimnasta profesional, fue quien se dio cuenta del potencial que tenía Laurie para la gimnasia. Y así fue como a los cinco años, la niña a la cual sus hermanos mayores, Marcus -hoy de 20 años- y Jelysa -de 27- le decían “monkey” (monito) por andar saltando y haciendo piruetas por todos lados, comenzó un serio compromiso con esta disciplina.

“Recuerdo que un día estaba viendo por televisión una competencia de gimnasia y pensé que quería hacer eso que las niñas grandes hacían”, dijo en una entrevista que el año pasado le hizo la cadena ESPNW.

Bajo la tutela de Maggie Haney comenzó a entrenar. De 8:30 de la mañana a 4:30 de la tarde, a diario, se dedicó a la disciplina mientras su madre, trabajadora social de profesión, le daba los cursos académicos en su casa, en New Brunswick.

A los siete años comenzó a participar en distintas competencias, demostrando un talento natural, que según su entrenadora, se complementa perfectamente con su actitud. “La conozco como la palma de mi mano… y siempre trae la mejor actitud y la mejor energía” ha dicho Haney, quien hasta el momento sólo entrenaba profesionalmente a Laurie.

Según fue creciendo, también se iba fortaleciendo, al igual que sus sueños. Quería llegar a las olimpiadas y nadie se lo iba a impedir. Ni siquiera su cuerpo.

SI GRANDE FUE LA CAÍDA, MAYOR FUE SU RECUPERACIÓN

usagym.org

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A principios del 2014, sufrió una fractura en una muñeca. Luego, se dislocó la rodilla derecha y se le desagarró la patela. Volvió a recuperarse, pero dando una vuelta de caracol sufrió una herida que la llevó al quirófano. Le arreglaron la rodilla utilizando un trasplante de cadáver.

Haber perdido un año a causa de su salud, no la distrajo de su objetivo. El año pasado retomó su paso por las competencias, generando comentarios por su actuación soberbia, enfocada. Conquistó el primer lugar en la división junior en Italia; en la misma división en P&G en Estados Unidos y coronó su éxito como campeona del torneo invitacional junior en Japón.

En los grandes círculos de conocedores de esta disciplina era mencionada con insistencia por sus rutinas dinámicas y también por su rostro, capaz de expresar emociones diversas frente a cada reto. En noviembre, la revista “International Gymnast” la bautizó como el “emoticón humano” mientras que a través del podcast especializado Gymcastic la bautizaban “baby Shakira”.

“He vivido todos estos años esperando el año próximo”, dijo en el 2015, cuando comenzó a ser mencionada como una posible integrante del equipo olímpico de Estados Unidos. Tenía que cumplir 16 años para poder competir por un espacio en el quinteto.

A Río llegará también siendo la segunda atleta de menor edad, superada sólo el tenista de mesa Kanak Jha, menor que ella por 10 días.

Cuando el domingo en la noche se le preguntó qué significaba para ella ser la única latina del grupo, respondió de inmediato “un honor”. Y no concluyó sin reiterar que el éxito es posible alcanzarlo pero hay que trabajar para obtenerlo. “Hay que hacer lo que hay que hacer y punto”.

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